Para volar no es necesario contar con enormes alas

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En cuestiones de verdad y justicia, no hay diferencia entre problemas grandes y problemas pequeños, porque los temas referentes a cómo tratar a la gente, son siempre iguales
Albert Einstein

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Como niños nos asustamos ante la sangre, sin darnos cuenta que significa familia, lealtad y es la esencia de la vida; pero por muchas virtudes que tenga, hay una realidad inevitable, y es que la sangre es hija del dolor y un violento recordatorio de que puede quitarte cualquier cosa, en un abrir y cerrar de ojos

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«En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible. Todo se opone a él: moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre “lo otro”, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirla en objeto, en ser aparte, y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento. Medio para obtener el conocimiento y el placer, vía para alcanzar la supervivencia, la mujer es ídolo, diosa, madre, hechicera o musa, según muestra Simone de Beauvouir, pero jamás puede ser ella misma. De ahí que nuestras relaciones eróticas estén viciadas en su origen, manchadas en su raíz. Entre la mujer y nosotros se interpone un fantasma: el de su imagen, el de la imagen que nosotros nos hacemos de ella y con la que ella se reviste. Ni siquiera podemos tocarla como carne que se ignora a sí misma, pues entre nosotros y ella se desliza esa visión dócil y servil de un cuerpo que se entrega. Y a la mujer le ocurre lo mismo: no se siente ni se concibe sino como objeto, como “otro”. Nunca es dueña de sí. Su ser se escinde entre lo que es realmente y la imagen que ella se hace de sí. Una imagen que le haya sido dictada por familia, clase, escuela, amigas, religión y amante. Su feminidad jamás se expresa, porque se manifiesta a través de formas inventadas por el hombre. El amor no es acto natural. Es algo humano y, por definición, lo más humano, es decir, una creación, algo que nosotros hemos hecho y que no se da en la naturaleza. Algo que hemos hecho, que hacemos todos los días y que todos los días deshacemos.»
Octavio Paz (via valorna)

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«En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible. Todo se opone a él: moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre “lo otro”, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirla en objeto, en ser aparte, y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento. Medio para obtener el conocimiento y el placer, vía para alcanzar la supervivencia, la mujer es ídolo, diosa, madre, hechicera o musa, según muestra Simone de Beauvouir, pero jamás puede ser ella misma. De ahí que nuestras relaciones eróticas estén viciadas en su origen, manchadas en su raíz. Entre la mujer y nosotros se interpone un fantasma: el de su imagen, el de la imagen que nosotros nos hacemos de ella y con la que ella se reviste. Ni siquiera podemos tocarla como carne que se ignora a sí misma, pues entre nosotros y ella se desliza esa visión dócil y servil de un cuerpo que se entrega. Y a la mujer le ocurre lo mismo: no se siente ni se concibe sino como objeto, como “otro”. Nunca es dueña de sí. Su ser se escinde entre lo que es realmente y la imagen que ella se hace de sí. Una imagen que le haya sido dictada por familia, clase, escuela, amigas, religión y amante. Su feminidad jamás se expresa, porque se manifiesta a través de formas inventadas por el hombre. El amor no es acto natural. Es algo humano y, por definición, lo más humano, es decir, una creación, algo que nosotros hemos hecho y que no se da en la naturaleza. Algo que hemos hecho, que hacemos todos los días y que todos los días deshacemos.»
Octavio Paz

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Sacrificio: No es lo que llamaría una palabra moderna. La gente escucha la palabra ‘Sacrificio’ y teme que le quitarán algo, o que tendrá que dejar algo sin lo que no puede vivir. ‘Sacrificio’ para ellos significa ‘Pérdida’ en un mundo que nos dice que podemos tenerlo todo; pero creo que el verdadero sacrificio es una victoria, porque requiere de nuestro libre albedrío; sacrificar algo o alguien que amas, por algo o alguien que amas mas que a ti mismo. No les mentiré, es una apuesta, el sacrificio no desaparecerá el dolor por la pérdida, pero gana la batalla contra la amargura, que atenúa la luz sobre todo lo que vale realmente en nuestra vida.

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Un corazón culpable es silencioso, su latido se amortigua por los secretos que guarda, mientras algunos creen que las confesiones liberan a un alma torturada, otros lo ven como un signo de debilidad, porque al final lo que digas, lo que sientas por lo que has hecho, es irrelevante… pues la muerte es igual de despiadada

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Algunos creen que la confesión ayuda a un alma culpable a encontrar la paz, liberarnos de la vergüenza y arrepentirnos de nuestros errores. Al enfrentarse a la mortalidad, muchos buscan la forma de enmendar las cosas, porque si no nos mata la muerte, lo harán nuestros demonios

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Ama sin medida, sin límite, sin complejo, sin permiso, sin coraje, sin consejo, sin duda, sin precio, sin cura, sin nada. No tengas miedo de amar, verterás lágrimas con amor o sin él
Chavela Vargas

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El amor es el sentimiento mas absurdo y terco que pueda existir, sobrevive a todo, al tiempo, a las decepciones y es obstinado, tanto que puedes tratar de espantarlo, arrancarlo, tratar de cambiarlo, y el sigue ahí, indomable, incorruptible, impávido, soportándolo todo, incluso la más cruel de las afrentas, haciendo caso omiso a las malas, imprudentes y despiadadas actuaciones y recordando siempre aquello que amas como si fuese un tatuaje en el alma, lo perdona todo, lo soporta todo, terco y absurdo Amor