Para volar no es necesario contar con enormes alas

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El amor, es la única fuerza que no puede ser explicada, que no puede descomponerse en un proceso químico, es la luz que nos trae de vuelta a casa, cuando nadie está ahí y la luz que ilumina nuestra pérdida. Su ausencia nos roba todo el placer, nuestra capacidad de gozo, hace nuestras noches mas oscuras y nuestros días mas sombríos. Pero cuando encontramos el amor, no importa lo mal, triste y terrible, nos aferramos a ello.
Nos da fuerza, nos mantiene erguidos, se alimenta de nosotros y nosotros de él.
El amor es nuestra bendición.
El amor es nuestra perdición.

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Hay una fuerza, un tipo de hambre, que no puede saciarse, no puede extinguirse; su propia existencia es lo que no define, lo que nos hace humanos, esa fuerza es el amor

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SOLO POR ESA VEZ

Solo por esa vez
Me permitiré flotar sobre ti
como se eleva una pluma
al vaivén del viento
y grabare tu cuerpo
como un terreno inexplorado
que recorreré con mis dedos
El sol se dibujará en tu rostro
pues tu sonrisa lo ilumina todo
la suave piel
el dulce aroma
labios de fruta
sedientos
anhelantes
se respiran
se atraen
Se mezclan traviesos
Maravilloso ósculo
Cargado de deseo
El piélago se asoma
Se esparce
Libación inminente
Seguiremos el compás
Melodía de nunca acabar
Mesura inexistente
Fundiéndonos seremos uno

Solo por esa vez.

Valorna

SOLO POR ESA VEZ

Solo por esa vez

Me permitiré flotar sobre ti

como se eleva una pluma

al vaivén del viento

y grabare tu cuerpo

como un terreno inexplorado

que recorreré con mis dedos

El sol se dibujará en tu rostro

pues tu sonrisa lo ilumina todo

la suave piel

el dulce aroma

labios de fruta

sedientos

anhelantes

se respiran

se atraen

Se mezclan traviesos

Maravilloso ósculo

Cargado de deseo

El piélago se asoma

Se esparce

Libación inminente

Seguiremos el compás

Melodía de nunca acabar

Mesura inexistente

Fundiéndonos seremos uno

Solo por esa vez.

Valorna

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Lara Fabian- Caruso (digital clarity)

Traducida al español

Aquí donde el mar reluce
y sopla fuerte el viento
sobre una vieja terraza
delante del golfo de Sorrento
un hombre abraza a una muchacha
sin contener el llanto
luego se aclara la voz
y vuelve a dar comienzo al canto.

Te quiero mucho,
pero mucho, mucho, sabes…
Y en la distancia amor
hoy resuenan mas que nunca tus palabras, sabes…

Vió las luces dentro del mar,
pensó en las noches allí en América
pero era sólo el reflejo de algunos barcos
y la blanca estela de una hélice .
Sintió el dolor en la música,
se levantó del piano
pero cuando vió la luna salir tras una nube
le pareció dulce también (incluso) la muerte.
Miró en los ojos la muchacha,
esos ojos tan verdes como el mar
luego de improviso salió una lágrima
y el se creyó ahogar.

Te quiero mucho
pero mucho, mucho, sabes…
Y en la distancia amor
hoy resuenan mas que nunca tus palabras, sabes…

Fuerza de la lírica
donde cada drama es un falso,
donde con un buen maquillaje y con la mímica
puedes llegar a ser otro.
Pero dos ojos que te miran
tan cercanos y tan auténticos,
te hacen olvidar palabras,
confunden pensamientos.
Así todo parece tan pequeño,
también las noches allí en América
miras atrás y ves tu vida
como la estela de una hélice.
Sí, es la vida que se acaba
sin embargo él no lo pensó tanto
por el contrario, se sentía ya feliz
y volvió a comenzar su canto.

Te quiero mucho
pero mucho, mucho, sabes…
Y en la distancia amor
hoy resuenan mas que nunca tus palabras, sabes…

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En cuestiones de verdad y justicia, no hay diferencia entre problemas grandes y problemas pequeños, porque los temas referentes a cómo tratar a la gente, son siempre iguales
Albert Einstein

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Como niños nos asustamos ante la sangre, sin darnos cuenta que significa familia, lealtad y es la esencia de la vida; pero por muchas virtudes que tenga, hay una realidad inevitable, y es que la sangre es hija del dolor y un violento recordatorio de que puede quitarte cualquier cosa, en un abrir y cerrar de ojos

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«En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible. Todo se opone a él: moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre “lo otro”, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirla en objeto, en ser aparte, y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento. Medio para obtener el conocimiento y el placer, vía para alcanzar la supervivencia, la mujer es ídolo, diosa, madre, hechicera o musa, según muestra Simone de Beauvouir, pero jamás puede ser ella misma. De ahí que nuestras relaciones eróticas estén viciadas en su origen, manchadas en su raíz. Entre la mujer y nosotros se interpone un fantasma: el de su imagen, el de la imagen que nosotros nos hacemos de ella y con la que ella se reviste. Ni siquiera podemos tocarla como carne que se ignora a sí misma, pues entre nosotros y ella se desliza esa visión dócil y servil de un cuerpo que se entrega. Y a la mujer le ocurre lo mismo: no se siente ni se concibe sino como objeto, como “otro”. Nunca es dueña de sí. Su ser se escinde entre lo que es realmente y la imagen que ella se hace de sí. Una imagen que le haya sido dictada por familia, clase, escuela, amigas, religión y amante. Su feminidad jamás se expresa, porque se manifiesta a través de formas inventadas por el hombre. El amor no es acto natural. Es algo humano y, por definición, lo más humano, es decir, una creación, algo que nosotros hemos hecho y que no se da en la naturaleza. Algo que hemos hecho, que hacemos todos los días y que todos los días deshacemos.»
Octavio Paz (via valorna)

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«En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible. Todo se opone a él: moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre “lo otro”, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirla en objeto, en ser aparte, y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento. Medio para obtener el conocimiento y el placer, vía para alcanzar la supervivencia, la mujer es ídolo, diosa, madre, hechicera o musa, según muestra Simone de Beauvouir, pero jamás puede ser ella misma. De ahí que nuestras relaciones eróticas estén viciadas en su origen, manchadas en su raíz. Entre la mujer y nosotros se interpone un fantasma: el de su imagen, el de la imagen que nosotros nos hacemos de ella y con la que ella se reviste. Ni siquiera podemos tocarla como carne que se ignora a sí misma, pues entre nosotros y ella se desliza esa visión dócil y servil de un cuerpo que se entrega. Y a la mujer le ocurre lo mismo: no se siente ni se concibe sino como objeto, como “otro”. Nunca es dueña de sí. Su ser se escinde entre lo que es realmente y la imagen que ella se hace de sí. Una imagen que le haya sido dictada por familia, clase, escuela, amigas, religión y amante. Su feminidad jamás se expresa, porque se manifiesta a través de formas inventadas por el hombre. El amor no es acto natural. Es algo humano y, por definición, lo más humano, es decir, una creación, algo que nosotros hemos hecho y que no se da en la naturaleza. Algo que hemos hecho, que hacemos todos los días y que todos los días deshacemos.»
Octavio Paz